Cursos, libros y seminarios

Como ya dijimos, hablar es una necesidad natural en el ser humano y hablar en público, una consecuencia lógica de esta necesidad. La Oratoria, ciertamente, nos ayuda a desarrollar esta habilidad, y tendríamos que aceptar este hecho, si queremos enfrentar exitosamente las exigencias de una sociedad como la nuestra en la que la comunicación y el liderazgo parecen ser dos realidades que cada vez se entrelazan más, pues el simple hecho de vivir y trabajar en comunidad hacen del saber hablar en público una exigencia casi cotidiana y del liderazgo una forma de comunicarse.

El niño, en la escuela, tiene que enfrentarse a sus compañeros de curso para exponer el tema de la Revolución Mexicana, es decir, tiene que hablar en público; el universitario debe defender ante los sinodales -con clara dicción y fluidez de lenguaje- su tesis profesional, también tiene que hablar en público; el maestro, al inicio de cada curso tiene que explicar a los padres de familia cómo procederá con sus nuevos alumnos ese año, ¿qué está haciendo? ¡hablar en público! El director de la empresa ejerce su liderazgo reuniendo a los empleados para exponer sus nuevos planes y objetivos… también ha de hablar en público… todos, en los distintos ámbitos sociales utilizamos este recurso para hacer llegar a otros el curso de nuestros pensamientos, acciones o necesidades, por tanto, tenemos que aprender a hablar en público.

Si este aprendizaje se nos hubiese impartido desde la cuna -imaginemos padres de familia conscientes de la importancia de la oratoria, corrigiendo la dicción o la postura de sus futuros oradores de manera informal y oportuna- nuestra preparación al hablar en público sería casi inigualable. Si los maestros en jardín de niños nos habilitaran para expresar asertivamente lo que queremos, y el programa educativo de la primaria nos capacitara en verdad para saber argumentar, resumir, sintetizar, exponer nuestras opiniones, etc, desarrollaríamos consistentemente nuestras habilidades retóricas, con lo cual al crecer, no caeríamos en la tentación de rehuir esta magnífica oportunidad de usar la palabra como instrumento de comunicación profunda y motivadora.