¡Auxilio!
Cuando salimos a la calle y nos acercamos a un grupo de muchachos para preguntarles una dirección, no necesitamos un curso de oratoria, aunque estemos hablando con extraños, porque no pensamos que esto sea “hablar en público”; si estamos platicando tranquilamente con nuestros amigos mientras bebemos una deliciosa taza con café humeante, no nos preocupamos por mostrarles nuestro liderazgo, ni nos intimida no tener una buena dicción, ni nos asusta hablar ante ellos, porque no consideramos esta plática como “hablar en público”, aunque platiquemos delante de diez o doce personas.
¿Qué es entonces hablar en público?
Antiguamente, se creía que una excelente oratoria, era razón suficiente para reconocer el liderazgo del gran orador y que no era resultado de un curso o dos sino que era cuestión de dotes personales, pero hoy en día, no basta soltar un locuaz o elocuente discurso para ser considerado alguien que “sabe hablar en público”.
Hablar en público no es “exponer un rollo” sin ton ni son, sino transmitir a un grupo de personas algo, -opiniones, conocimientos, informaciones- con un propósito previamente establecido por el expositor.
Es utilizar la vía del lenguaje oral, para lograr establecer un vínculo con un auditorio, mientras le exponemos nuestras ideas, emociones o deseos, y por lo mismo, para saber hablar en público no sólo se precisa un curso de dicción que haga inteligible nuestro mensaje, sino una previa preparación oratoria.
Al hablar en público además de transmitir palabras, dejamos en evidencia nuestros sentimientos y actitudes a través de un lenguaje no verbal pero bastante más persuasivo. No dejamos ver únicamente nuestros conocimientos acerca de un determinado tema sino el liderazgo que ejercemos frente a los oyentes, -sean dos o dos millones- pues aún cuando liderar no sea nuestro principal objetivo, siempre queda de manifiesto si hemos aprendido a hablar en público.
Cuando hablamos frente a un grupo de personas, no sólo será necesario tener algo que decir y saber decirlo con un apropiado uso del idioma, sino que requeriremos de otros aprendizajes, de mucha práctica y del convencimiento personal de que hablar ante otros es una oportunidad única de motivar a nuestro público, de forma que en pocos minutos logremos exponer, interesar y convencer de manera efectiva.